lunes 27 de abril de 2009

Tras la sombra ... octava parte

8

video


Eran las doce y media y después de una pequeña platica, Claudio decidió regresar a la carretera por el camino del rancho que llevaba al Aribabi, yo no tenía ni idea de que me esperaba de frente así que de decidí seguir adelante, al igual que el salto del rio no tenía sentido pensar mucho en lo que seguía, si se trata de confesar un poco de miedo invadió los pensamientos, pero ya saben lo que dicen del valor, que llega en diferentes presentaciones, bueno pues el mío venia como un miedo terrible.

video


La primera duda en mi viaje en solitario la encontré a menos de un kilometro de la casona donde me separe de mi compañero, por un lado estaba seguir el rio que se perdía entre los paredones de un pequeño peñasco, por el otro, un camino que empezaba a separarse cada vez mas del rio que según nos prometían, nos llevaría hasta Imuris.
Hasta el momento el camino no se había separado del rio, así que pensé esa desviación era meramente por cuestiones de practicidad y que seguro al sortear las pequeñas sierras por donde el rio había encontrado camino, se encontrarían de nuevo el camino y el rio, en conclusión era mucho mas fácil caminar por la terracería, que ir flanqueando la vegetación paralela a las orillas del rio.


Pasaron dos horas caminando y el sol empezó a pesar en la mochila, pero sobre todo, la cara y los brazos empezaban sentirse ya muy quemados por el sol, baje las mangas de mi camisa y con la gorra y el pañuelo me las arregle para cubrir la cara con un look muy de oriente medio; aun así seguí caminando, ahora con la premura de encontrar alguien para preguntar direcciones que tanta fala me hacían a esas horas, de repente vi como el camino se perdía en una loma, que se elevaba por el horizonte, casi pude imaginar a Imuris detrás de esa pendiente, y esa fue la imagen que me impulso, solo para encontrar a al otro lado, una serie de sierras y lomas que se extendían al horizonte y no daban señal alguna ya no digo de Imuris, si no de cualquier rastro de civilización, ante tal suerte de no ver nada no quedo mucho que hacer más que seguir caminando y pensar que ir sobre el camino tenía que llegar a algún lugar.

video


Después de la empinada pendiente la bajada fue sencilla, y al poco tiempo caminado un rancho se empezó a dibujar mientras flanqueaba una de las tantas sierras que se extendían en el horizonte, al acercarme al portón, una jauría de perros, y lo digo literalmente, se abalanzo sobre mí, solo me quedo quedarme quietecito mientas unos niños asomaban por el marco de la puerta, los perros se detuvieron cuando una voz de mujer (seguro de la señora del rancho) se escucho desde el interior de la pequeña casa de adobe que seguro no tenía más de tres cuartos. Los perros se quedaron quietos, y así nos quedamos a lo menos por un par de minutos, el lo que el encargado del rancho salió a saludar, su cara dibujaba cierta extrañeza ante lo que estaba viendo, nos presentamos y rápidamente le pregunte sobre el camino que me llevaría a Imuris, se quedo mirando extrañado, y con un tono casi de lastima me dijo que venía mal, que tendría que devolverme hasta el rio, que de ahí lo siguiera hasta llegar a Imuris. Lo demás de su plática no lo recuerdo bien, una sensación de rabia, impotencia y miedo se me revolvía dentro, y toda mi atención estaba en no gritar alguna palabrota al aire.
Al pasar en sentido contrario por la puerta principal del rancho mi ánimo se arrastraba abajito de mi sombra, pero no podía detenerme, el ranchero me dijo que tenía que devolverme a donde el rio y el camino se separan, y eso era más del 80% de lo que había caminado solo y bajo el sol.
Las siguientes dos horas de caminata fueron silenciosas, incluso en el pensamiento, pero procure apresurar el paso lo más posible, a pesar del pesimismo que traía de polisón en la mochila, el camino no fue tan largo como lo imaginaba, esto no lo hiso más placentero pero tampoco molesto en lo mas mínimo.


Llegue de nuevo al rio, y camine unos minutos sigueindolo mientras el camino se volvía verde y lleno de vida, la temperatura descendía ayudada por la brisa del rio que no paraba de correr, decidí quitarme los zapatos que parecían un par de temascales y refrescar los pies un momento, el agua fue la más fresca que hasta la fecha recuerdo, y dispuse a mis pies a un masaje de dioses, para ese momento la decisión de fumar el ultimo cigarro que quedaba no fue tan difícil, lo encendí y pase lo siguientes diez minutos en el cielo.

video

lunes 5 de enero de 2009

Tras la sombra ... septima parte

7


video

Lo hermoso del cansancio, es las noches en estado de coma que te regala, a pesar de estar a unos metros de la carretera, el frio y el duro suelo, la noche paso sin mayor percance, al despertar, y esto aun lo tengo como un recuerdo borroso, a nuestros pies estaba un enorme tráiler, con el ojo que no tenia pegado pude ver al trailero que devolvía la mirada y saludo deseando buenos días, no entendía muy bien que pasaba, necesite unos segundos para entender bien en donde estaba, después de eso el trailero hizo un ademan en forma de saludo con su mano y volvió a tomar la carretera, ya estaba claro, el sol seguía por debajo del horizonte, pero ya estaba claro, las ganas de orinar invadieron los pensamientos confundidos que el trailero dejo, pero decidí ignorarlas, levantarse al baño significaba salir de lo calientito de la bolsa de dormir, y 20 minutos más dentro de ella no se perfilaban para nada como una mala idea, pero el cuerpo manda y después de 5 minutos intentando controlar las ganas, el frio termino por darme el ultimo empujón fuera de la bolsa de dormir, la sorpresa para mí fue cuando quise incorporarme para buscar un “baño” las rodillas se sentía como si tuvieran años sin moverse de una sola posición, seguro el espectáculo asemejo al de un venado recién nacido que se incorpora por primera vez al mundo, claro que sin toda la parte tierna.




Después de del baño y que el Claudio despertase empezamos a levantar campamento, cuando el Claudio se incorporo, se repitió la escena del venadito, mi esperanza y creo que la de él, era que la noche de reposo ayudara a la su tobillo, que un día antes había dado todo de sí, el Claudio se mostro optimista ante su tobillo aun a pesar del desgaste que ya teníamos.


Después de levantar “campamento” seguimos, al cabo de 10 minutos caminando el Claudio, a pesar de intentarlo, no podía disimular el dolor del tobillo que había vuelto, le propuse buscar un baston para que se ayudara, pero parecía un buena broma que en mas de un kilometro de carretera no pudiéramos encontrar algún baston decente que le ayudara en su andar, al fin encontramos uno, que si bien no era la mejor opción, era la única, aun a pesar de eso tuvimos que hacer nuestra primer parada a menos de 40 minutos de empezar, aplicar lonol, y apretar los vendajes alrededor del tobillo fueron la premisa en esa ocasión, asiq ue lentos pero con buena platica mañanera seguimos. Cual fue nuestra sorpresa cuando en memos de una hora de caminata llegamos a el anelado Aribabi, eso nos confirmo que nunca nos llegamos a entender bien con nuestro amigo el Cuhitaca, ya que una noche anterior nos dijo que faltaban como 3 horas para llegar, bueno a lo menos eso fue lo que le entendimos nosotros.





video



En el lugar rastros de fogatas, bolsa con basura y uno que otro plato desechable que se escapo de ser puesto con los demás en las bolsas, daban indicios que efectivamente el lugar era un punto de descanso de todos los caminantes, para nuestra mala suerte era muy temprano y a excepción de un viejo poso abandonado no encontramos a nadie, esto creo yo decepciono mas al buen Claudio que ya ponía mucho mas seriedad en sus comentarios de dejar el viaje, su tobillo no daba mas de si.


video

Aun así, no desistió y decidió dar unos minutos más a este viaje. Nos metimos asía el rancho de el Aribabi, seguro ahí nos darían instrucciones de por donde era este mentado paso que nos ahorraría un buen tramo de la subida, que se prolongaba a lo largo de la ultima de sierra antes de Imuris.


video


La casa del rancho esta como a medio kilometro de la entrada en la carretera, antes de llegar a ella nos encontramos con el que supongo yo era el vaquero del rancho, no se veía tan amable más bien tenía ese aire que da la soledad, no un aire triste ni melancólico, sino de seriedad, la que se adquiere cuando solo se aprende a decir lo necesario. Nos explico que siguiendo el vado del rio llegaríamos derecho a Imuris, le preguntamos que si llevaba agua y nos dijo que si que mucha, que siguiéramos el rio seco y mas enfrente ya llevaba agua, nos devolvimos hasta el lecho del rio y seguimos un pequeño camino de terracería que lo seguía en paralelo.
Caminamos por buen tiempo y el agua que se había agotado desde una noche anterior, empezaba a extrañarse, aun así seguimos confiados, seguro es, que no encontraríamos alguna tienda mas adelante, pero si el rio llevaba agua eso sería suficiente para calmar la sed.
video
Con más de 40 minutos caminados, el Claudio caminando ya con un bastón en cada mano, y una casi nula platica, derepnete encontramos el nacimiento del rio, que nos dio un segundo aire y apresuramos el paso para encontrar algún buen lugar de agua limpia donde llenar las cantimploras y los embases de agua embotellada que parecían más flotadores que otra cosa colgando a los lados de las mochilas.
Después de resolvernos el problema de la sed, recordamos el del cansancio, el precio de tener tanta agua es tener que cargarla, pero la caminata tenia que seguir, y así fue por un rato cuando de repente el Claudio señalo una casa en parte alta de una loma que empezaba a crecer justo a la orilla del rio. Solo teníamos que cruzar el rio y tal ves conseguiríamos un lugar donde llenar las cantimploras, con agua a lo menos de la llave (la diarrea era un lujo poco costeable en este viaje).

video

El Claudio insistió en pasar el rio, que no era de mucho caudal, justo frente la casa, yo propuse busca algún lado mas fácil, pero el insistió, no lo debati mucho pues sabia que un lugar donde sentarse y descansar era la premisa del Claudio en esos momentos, lo cual comprendi , el propuso pasar primero, en un pequeño pedaso el rio se seccionaba en dos por un pequeño bulto de tierra, el Claudio salto para utilizarlo como una piedra en el rio y al caer, sus pies se undieron como cuchillos calientes en mantequilla, intento sacar los pies un par de veces pero el lodo subia a la mitad de su espinilla y el lodo era espeso y pesado, debo de admitir que empecé a reí la imagen era muy cómica y el Claudio no parresia sufrir de no más que una buena vergüenza.





Al fin pudo salir y mientras él dijo que se adelantaba para buscar donde lavar sus zapatos yo busque un sitio donde saltar y no tener las ventajas de tan suave aterrizaje, fue mucho más difícil de lo que pensé, en toda orilla, el suelo tenía esa apariencia de firmeza que luego era desmentida por pequeñas rocas que fui tirando por un rato, al fin encontré una saliente en la otra orilla en la que un árbol de mediana estatura prometía mas que un firme aterrizaje, el único problema era la distancia, desde las seis de la mañana salvo 4 o 5 descansos de 15 minutos, un paso lento pero constante había sido el día, y no me sentía del todo confiado saltando con mochila al hombro, aun así, me anime a hacerlo, a fin de cuentas en el peor de los casos llegaría con un look muy solidario con el Claudio que ya tenía rato sin dar señales de vida en lo alto de la colina, el salto fue un éxito, nadie me vio y estoy seguro que no fueron más de un par de metros pero aun así, cuando me sentí seguro agarrado del pequeño árbol, la sensación de que a mis espaldas un gran acantilado que culminaba en un vasto río se extendia, fue muy placentera y reconfortante.



video

Por fin llegue a las largas escaleras que terminaban en lo que al pasar unos árboles que cubrían la vista, se transformo en un verdadero caserón, que delimitaba la parte superior de la pequeña colina, el rastro del Claudio no se podía ignorar, era como si un hombre de fango se fuera desmoronando mientras se alejaba del rio, en los primeros escalones los bastones, para el quito escalón ya encontré un de sus tenis, o lo que se alcanzaba a ver de él entre una masa de lodo, dos escalones después, el lado izquierdo, que hacia aparenta que el lodo del rio, era cemento de secado instantáneo, obligando a él Claudio a desprenderse de este, unos escalones más tarde se repitió la escena con los calcetines, que estaban igual de lodosos que sus zapatos ( el lodo resulto ser mucho menos espeso de lo que imagine), al final de las escaleras el Claudio ya asía tendido bocarriba como un tipo muy bizarro de El Hombre de Vitruvio, con un tono que sonó muy diferente a de las más de 20 o 30 ocanciones que antes lo había mencionado dijo: “Ahora sí creo que ya no llegue…”

jueves 27 de noviembre de 2008

Tras la sombra... sexta parte

6

Caminamos por una hora, nuestra velocidad no había mejorado mucho, pero de alguna forma tome un paso tambaleante con el peso de las dos mochilas bastante cómodo, el Claudio por su parte seguía cojeando de el pie izquierdo pero ya se le veía un poco mas tranquilo, tenia recuerdos de ese pedazo de tantas veces que lo e recorrido en carro, ninguno de mis recuerdos pasaban de más de 20 minutos entre la aduana de san Antonio y las ruinas de la misión de Cocospera, una así teníamos como tres horas caminando desde la aduana y no se veían rastros de la misión. Después de dos descansos el Claudio pidió su mochila, yo ya estaba un poco cansado así que se la devolví, pensé que ya lo peor de su pie había pasado.
Seguimos caminando y el ánimo caía junto con lo que quedaba del día, ni siquiera los descansaos eran ya agradables, nos quedaban pocos cigarros y nos veíamos forzados a tomar poca agua pues no sabríamos hasta cuando tendríamos oportunidad de tener de nuevo, a eso se empezaba a aunar la idea de donde pasaríamos la noche, nuestro objetivo era llegar a el tramo conocido como el Aribabi, al parecer es uno de los puntos muy conocidos en este viaje por los caminantes, ya que ahí se concentran algunas personas, que cumplen su manda ayudando a los viajeros, el plan entonces era sencillo caminar hasta el Aribabi, ayudar a estas personas a cumplir su manda y comer y descansar en el lugar, así despertaríamos frescos para el último tramo de la sierra y con suerte llegaríamos a Imuris ese mimo día.

video

Pero primero había que llegar y el sol ya tenia tiempo sin brillar por las nubes que parecían cortinas en el horizonte, vimos a unos kilómetros una antena que nacía de una pequeña sección bardeada con bloques de concreto, seguro tendrían agua ahí, y podríamos descansar un poco, no encontramos agua, solo bebimos mas, en un descanso que se extendió por varios minutos, no es que no pudiéramos seguir, lo de menos era caminar, lo difícil era como ya había dicho antes empezar a caminar, esa se estaba convirtiendo en la mayor carga del viaje.

Por fin reunimos valor y decidimos continuar, la carretera era muy obscura, en parte por las nubes que aun quedavan en el cielo y solo dejaban asomar unas cuantas estrellas, pero la carretera perdía toda esa calma de ves en ves, cada que algún tráiler pasaba, toda la obscuridad y silencio parecían dar un giro de 360 grados y todo se volvía ruido y luces mientras una ola de viento impulsada por la velocidad, te golpeaba la espalda o la cara según fuera el caso, después, y mientras el tráiler se alejaba, la obscuridad y el silencio volvían a ocupar su lugar.


De repente el Claudio propuso descansar de nuevo. Este descanso tardo en llegar menos tiempo de lo acostumbrado, pero no dije nada, el Claudio ya tenia mucho en silencio desde el ultimo descanso y necesitábamos pensar que hacer, ya que el Aribabi no daba ninguna señal de estar cerca. Nos tiramos aun lado de la carretera, bocarriba, acostados de tal manera que la sinta asfáltica parecía nuestra cabecera, tal vez un movimiento no muy inteligente, pero sin duda ofrecía una vista y sensación excelente, apenas y nos quedaban 5 cigarros pero aun así decidimos fumar ante el curioso espectáculo que nos daba el paisaje de estrellas que perdían la calma con los inmensos letreros de las cajas de los tráiler, que pasaban frente a uno como rápidos comerciales ruidosos.
En eso estábamos cuando por la carretera vimos una luz tambaleante acercarse, saludamos y nos presentamos. Así fue como conocimos a el “Cuitaca” un simpático personaje de no más de 1.65, con el bigote rasurado tipo los panchos, delgado y con una lámpara en la mano que casi podía asegurar era del mismo tamaño de su cabeza (con todo y su gorra).
Rápidamente descubrimos que el Cuitaca era platicador, y bastante persuasivo, aun hoy tratando de recordar, no podría decir como exactamente entre platica y platica ya estábamos caminando de nuevo tras de el que encabezaba la caravana con su gran lámpara de mano, en eso nos conto que él era de Cuitaca, que ya tenía 7 años cumpliendo la manda desde su pueblo natal a Magdalena, y que su hermano le estaba ayudando, que al rato se encontrarían para checar como iba.
El Cuitaca sin duda llevaba buen paso, y su lámpara ayudaba mucho anunciando el camino, avanzamos mas en 40 minutos que en la ultima hora y media, el Claudio resistía sin quejarse siquiera, pero mientras caminábamos puso su mano en mi hombro y lo uso como apoyo mientras caminaba, no dije nada nada, solo disminuí un poco el paso para que pudiera recuperar el paso.
Era lógico que no podríamos seguirle el paso a nuestro nuevo amigo así que le dijimos tomaríamos un descanso, se sentó con nosotros en una saliente de la carretera, donde repartimos los últimos tres cigarros que teníamos entre nosotros, ahí platicamos de cómo pasar por el Aribabi, la verdad yo no entendí muy bien lo que nos dijo, hablo de una desviación antes del represo, pero decidí quedarme con las instrucciones del abuelo para no revolver pensamientos.
De repente se paro y nos invito a seguir el viaje nosotros le preguntamos que si cuanto faltaba para el Aribabi y el nos dijo que como dos horas, era demasiado ya estábamos cansados y sin muchas ganas de seguir, así que nos despedimos y deseamos buena suerte.
Decidimos pasar la noche ahí a un lado de la carretera, por mucho no era la mejor idea pero a excepción de ese tramo no había muchos pedazos claros donde acampar y lo que menos ganas teníamos era de ponernos a limpiar algún lugar, pusimos nuestros chalecos naranjas a los lados de las bolsas y unas señales de la carretera que encontramos tiradas, esto con el fin de que pudiera vernos algún chofer que decidiera salir de la carretera en el mismos claro en que nosotros dormíamos, además seme ocurrió prender la lata de alcohol en gel que traía esto sin duda tendrían que verlo los carros, nos acostamos y la noche se empezó a poner fría, al igual que el cuerpo que empezaba a cobrar las facturas de todo un día caminado, las dos piernas dolían completas pero las rodillas eran especialmente molestas, yo tarde una hora en poder conciliar el sueño, mientras que el trafico de la carretera volvía a ser una canción de cuna.

sábado 8 de noviembre de 2008

Tras las sombra... quinta parte

5

Lo primero que te encuentras a la salida sur de Cuitaca es el principio de una pendiente, que se va alargando y no pierde su cualidad de subir y subir por varias horas, en si no íbamos muy cansados, pero la plática había disminuido sustancialmente, las mochilas se sentían más pesadas que al principio, con el agua que acabábamos de comprar, y el sol apuntando a medio día no dejaba de poner todo un poco más cansado.

Al cabo de un tiempo de caminar y caminar, llego el momento de un descanso, nos tiramos a la orilla de una curva, el espacio que librábamos de la carretera, era poco pero un inmenso paredón nos sirvió para recargar las espaldas. La siguiente media hora fue de ver los heroicos intentos de varios bichos de cruzar la carretera, que ya vista de cerca es un verdadero cementerio.
Reanudamos el camino y notamos que cada vez se volvía más difícil empezar, era como si las articulaciones de las rodillas se oxidaran y uno se viera en la necesidad de despegarlas paso a paso. Nuestro caminar se volvió más lento y el Claudio ya tambaleaba un poco más al caminar, empezaba a resentirse ya de las primeras ampollas en su pie izquierdo, esto a su vez hacia que apoyara más peso en su pierna derecha, que no tardaría en pasarle factura por eso también. Le dije que me pasara de nuevo mi mochila y seguimos caminando.
A unos cuantos kilómetros de llegar a él reten de San Antonio, nos decidimos a descansar otro poco, era una pequeña salida de la carretera bajo un árbol, nos llamo mucho la atención un par de botas que colgaban de las ramas de un arbol, a dos colores, rojas la parte inferior y grises la superior, nos pareció algo así como un letrero de “área de descanso”, y justo eso hicimos.
Al llegar el Claudio se quito el zapato, las ampollas ya eran considerablemente visibles y el semblante de su cara, el cual se había venido a menos en los últimos kilómetros, daba fe de que el pie izquierdo no la estaba pasando nada bien por esos momentos. Fue ahí donde las ideas de no llegar a Magdalena se empezaron a escuchar por parte de mi compañero de viaje.

video
A la salida del viaje cuando platicaba con mi abuelo me contaba que cuando el caminaba, siempre aprovechaba los descansos para dormir a lo que fuera. Al principio no lo tome como buena idea eso de dormir 15 minutos y luego levantarse a caminar no me parecía muy práctico, la pereza de caminar dormido y desentumirse a la vez no me gustaba como combinación. Pero ya eran la una y media de el día y los dos sin siquiera decir palabra nos quedamos dormidos por más de media hora.



Teníamos que seguir, nuestra velocidad había disminuido considerablemente y a los tiempos que llevábamos pensados, teníamos un poco de retraso. Las hormigas se encargaron de darnos el ánimo faltante para levantarnos y seguir. El caminar se estaba volviendo cuestión de atención, el Claudio seguía tambaleándose por la carretera, y yo irónicamente empezaba a resentir mis rodillas, caminar a paso con el Claudio me casaba más que ir a mi propio paso que en ese momento era un poco más veloz, recordando claro que yo estuve caminando con un mes de anticipación en las tardes, esa era una variable que no habíamos considerado en el viaje.


No podía evitar de vez en ves adelantarme un poco en nuestra caravana, ya eran las tres de la tarde y teníamos todo el día caminando, quedar sumergido en tus pensamientos era algo inevitable, y cuando volvía, siempre me encontraba a unos metros por delante del mi compañero de viaje. Ese tramo del camino aun a pesar de todo tuvo su belleza, en el horizonte las nubes y el sol luchaban por su espacio en el paisaje y nos encontramos a nuestros primeros benefactores en el camino, que se orillaron a ofrecernos algo de beber o de comer, aceptamos el agua, ya que seguíamos consumiendo mucha más de lo acostumbrado.


video

La carretera siguió con su ir i venir de tráfico pesado y nosotros seguimos un pie detrás de otro hasta llegar a San Antonio, una pequeña caseta aduanal situada en la mitad del camino entre Cananea e Imuris, al llegar lo primero que vimos fue una pequeña capilla básicamente igual a la que una noche antes aviamos aprovechado para dormir. Empezábamos a sentir de que se trataba esto de la manda, y siendo sincero más de una vez no sonó tan descabellada la idea de quedarnos a dormir ahí.



Llegamos a la aduana y nos tiramos a un lado de los baños, la verdad no lo había pensado hasta hoy que trato de recordarlo con detalle, pero si, nos sentamos tan cómodamente a las afueras de los baños, que decidimos tomar nuestros sagrados alimentos ahí, ¡4 tacos dos de chorizo y dos de frijol!, sería el menú del día, pero justo en eso estábamos cuando un señora se orilla en su carro, nos habla, y abre el porta equipaje de su chevy morado, en el todo un tesoro de aguas, refrescos y comida nos esperaban. “agarren lo que quieran”, nos dijo, un sándwich y un jugo fueron el menú entonces y tras agradecerle, nos retiramos a nuestros cómodos aposentos aun lado de los baños, comimos, y cabe decir que todo estaba delicioso, pero por desgracia nuestros cuerpos estaba un poco más necesitados de energía de lo normal así que decidimos tomar el postre, un taco de chorizo y un de frijoles cerrarían con broche de oro la comida de ese día, o a lo menos eso pensamos.
Al terminar de comer, aproveche la cercanía con las instalaciones sanitarias y decidí entrar a lavarme la cara y las manos ( y sé lo que piensan, pero no, extrañamente no tenía ganas de utilizar los sanitarios), en eso estaba cuando escucho un grito de Claudio, preguntándome que si quería comer, al salir lo encontré con dos platos de comida llenos de carne asada y otro con pollo asado, y a su lado un par de refrescos.
Una familia mexicana, que por lo que pudimos observar radicaba en los estados unidos nos había ofrecido la comida, ellos también estaban en la caminata pero venían en familia y se lo estaban tomando mucho más ligero y con tiempo que nosotros, al parecer caminaba un tramo, marcaban adonde llegaban, iban por ellos y luego continuaban del mismo lugar ya mas descansados.
No pudimos decir que no a el detallaso de estas personas y sin mucha queja nos pusimos a comer, estaba sabrosísimo y el cuerpo anticipando lo que se aproximaba no se molestaba en darnos señal alguna de que ya estábamos llenos de comida.
Terminamos de comer, por segunda vez, y descansamos otro poco. Ya eran pasadas de las 5 cuando decidimos continuar, en nuestro descanso el Claudio volvió a mencionar, el no llegar Magdalena, ya no eran simples comentarios aislados, ya tenía varios kilómetros soportando las molestias en sus pies, el esfuerzo que el Claudio estaba asiendo empezaba resultar heroico, se me ocurrió la idea de cargar su maleta, la comida me había caído de maravilla, solo las rodillas molestaban pero pensé que si yo llevaba el peso el Claudio descansaría y podríamos llevar un paso más veloz lo que seguro ayudaría a mis rodillas que a ese punto preferían un poco mas de peso que ir siguiendo el paso, batalle en convencerlo, pero al final accedió, puse su mochila por enfrente de mí para tratar de equilibrar el peso de adelante y atrás y seguimos caminando, eran las 5 :30 de la tarde y estábamos a la mitad del camino…

sábado 1 de noviembre de 2008

TRAS LA SOMBRA … cuarta parte

4...



video
A pesar de apenas ir empezando el día debo de admitir que me sentía un poco adolorido, el peso de mi mochila hasta ese momento no había causado muchos estragos en la condición física peros desde que me puse la mochila en la mañana los hombros molestaban mucho, no le di mucha importancia y empezamos el viaje, caminar en lo alto de las montañas a esa velocidad es sumamente agradable, el aire era fresco, no había mucho tráfico y la plática ligera le sentaba muy bien a la caminata matutina.









video



Tras una media hora de caminata llegamos al “15”, esta justo al final de una pequeña cañada que se formo al partir uno de los cerros en dos para que pasara la carretera, yo nunca había estado en el lugar, pero el Claudio me platicaba que era un lugar muy bueno para acompañarlo con amigos cerveza y carne, los primeros minutos fuera de la carretera los pasamos sin mayor problema, pero conforme los minutos aumentaban y junto con ellos las pendientes, a lo menos yo si me sentí un poco cansado, pero valió la pena al llegar al lugar lo único que quedo del todos los malestares fueron las ganas de comer. El lugar es un gran paredón como de 10 metros por el cual resbala el agua, sería muy pretensioso llamarlo cascada, pero el potencial lo tenía. Aun así el lugar era perfecto, agua corriendo silencio sombra, y un piso cómodo para descansar.Después de checar el menú, los tacos de frijoles nos parecieron la mejor opción, de nuevo 4 por persona, solo que en esta ocasión decidimos agregar un postre y nos comimos uno de los 2 chocolates que nos tocaban a cada quien. El desayuno nos vino con espectáculo gratis y por más de media hora estuvimos monitoreando a una pequeña oruga que se arrastraba asía un árbol.
video
Terminando de desayunar, devuelta al camino, el sol ya nos pegaba en las espaldas y nuestras sombras se adelantaban a nosotros como con prisa de llegar Magdalena, ese fue un tramo muy agradable del dia, la diferentes tramos de la carretera evocaban diferentes momentos y recuerdos y tras de ellos siempre se originaba alguna platica.En lo físico íbamos bien, al Claudio le empezaba a molestar el pie izquierdo y a mí los hombros ya me dolían bastante con el peso de la mochila, aun a pesar de eso fue un tramo muy agradable.
En algún momento de una platica terminamos hablando de el señor de los anillos, para esto cabe destacar que el Claudio es en verdad todo un doctor en el tema, es una maquina devorando libros y recordando sus palabras “los libros de el señor de los anillos no los leí los estudie”, se imaginaran de que estoy hablando. Según sus cálculos le distancia que caminaron los hobits de la comarca al el bar donde los esperaba el mago era la misma que caminaríamos de cananea a Magdalena, lógicamente no debamos ni de broma la finta de hobist, pero sin duda si asemejábamos dos orcos bonachones. En algún momento de la platica hice una pregunta que siendo sincero no recuerdo, el Claudio me volteo a ver y me dijo: “no es que tendría que explicarte desde más atrás y es un chingo!!”, se cedo callado unos segundos y después añadió en un todo de despreocupado y sarcástico: “pues tiempo tenemos”, y en el momento pareció como si el Claudio hubiera abierto el libro y textualmente dijo: “al principio no había nada…” , las siguientes dos horas y media conocí casi textualmente muchos de los comienzos de todo en el mundo fantástico de J. R. R. Tolkien. Seguimos caminando y las montañas verdes por el fortuito año de lluvias, ponían el escenario a todas las historias que el Claudio contaba, y así se nos fue el tiempo hasta llegar a Cuitaca, un pequeño pueblo de unos 300 habitantes situado en el municipio de Cananea, nos dimos cuenta que básicamente ya teníamos agua y decidimos descansar ahí, el sol se ponía más pesado sobre los hombros y esperar a que abrieran una tienda a un lado de la carretera para comprar agua era el pretexto perfecto para descansa lo pies ya un poco machacados por el viaje. Duramos más de media hora sentados esperando que abrieran, la verdad no teníamos tanto apuro así que no nos molestamos en preguntar, después de estar rosando casi la hora de estar ahí decidimos que no había más tiempo que perder, averiguamos de otra tiendo un poco más alejada de la carretera y ahí nos desayunamos por segunda vez los cacahuates que traíamos con un Gatorade, solo para asegurar energías. Nos reabastecimos de agua y estábamos listos para empezar de nuevo, sabíamos que lo que seguía era subida y mas subida pero el día era joven y aunque nosotros no tanto siempre nos asegurábamos de seguir el ánimo de este.El Claudio se ofreció a cargar un rato mi mochila como habíamos acordado al principio del viaje, y yo y mis hombros aceptamos de inmediato, ese sería uno de los primero errores serios del viaje…



sábado 25 de octubre de 2008

TRAS LA SOMBRA … tercera parte

3
La capilla era a lo menos cómoda dentro de lo que se puede decir, había velas encendidas por todas parte y un sinfín de “posters” religiosos pegados en las paredes, la virgen maría, Jesucristo, san judas, todos estaban ahí, en una de las esquinas varia javas estaban cubiertas por una sabana de dudosa procedencia, y algunos trapos cumpliendo la función de almohada, esa fue la señal que tomamos como luz verde para pasar la noche ahí, seguro estaba todo eso para los viajeros.
La capilla estaba dividida por una reja con puerta, así que solo teníamos que cerrar la reja y dormir dentro de la pequeña jaula, eso nos garantizaría una noche fuera del aire helado de las montañas, y cualquier otra posibilidad de peligro que pudiéramos imaginar, y que podíamos imaginar gracias a la maravilla de la televisión. Es fascinante como la imaginación sale de uno en el instante en que la televisión deja de estar frente a nosotros, pareciera que el carcelero se va y la imaginación queda libre para salir a lo menos a tomar el aire, alguna ves leí una frase de Colette donde decía que los viajes son necesarios para las imaginaciones menguadas.

Revisamos rápidamente el lugar en busca de insectos o cualquier cosa que nos pudiera dificultar la noche, pero a excepción de dos o tres bichos pequeños el lugar estaba limpio.





video


Lo primero en hacer, fue echar mano a los 36 tacos de chorizo y frijol que llevábamos, y no es por presumir pero venían cargados con los mejores frijoles de la región, a lo menos para un servidor, repartimos dos tacos para cada quien, uno de frijoles y una de chorizo, no mitigo ni poco el hambre que las pocas horas de caminata nos cobraba, así que decidimos comer otros dos, después de todo la promesa de mucho comida gratis a lo largo del viaje, nos permitía tales acciones.
Después de un buen taco, la regla dicta un buen tabaco, no salimos de la capilla y nos tiramos boca arriba a mirar las estrellas, es extraño como uno puede llegar a olvidar que están ahí, escondidas bajo la luz de las calles. La plática acompaño al humo, y las viejas anécdotas de la infancia y una que otra legendaria borrachera no se hicieron esperar.
Decidimos levantarnos antes de el sol, y nos fuimos a preparar las bolsas de dormir; la noche era callada y a lo lejos en la carretera el constante pasar de los carros y camiones de carga nos dejaba con una melodía constante y sin ritmo como canción de las buenas noches. El viento empezó a sentirse y la sinfonía de ruidos por lo agujeros del techo (que figuraban ventanas de estrellas) inmediato se dejo escuchar, esto aderezado con toda una orquesta de pequeños pero constantes ruidos alrededor de toda la capilla que de nuevo alimentaban el fuego de la imaginación, mas de dos veces pude haber jurado escuchar pasos fuera de la capilla pero me sentía más valiente asiéndole al detective dentro de la capilla y no fuera.
Al paso de unos 20 minutos y ya con más confianza de lugar nos venció el sueño, el cual mantuve a eso de las cuatro de la madrugada, cuando escuche unos pasos que se aproximaban a la capilla, sonaban muy diferente a todos los ruidos que habíamos estado escuchando toda la noche.
En mi percepción del tiempo, me tomo como tres segundos abrir los ojos y girarme dentro de la bolsa de dormir para ver quien se aproximaba, lo extraño fue, que al por fin tener en vista la entrada a la capilla, ya estaba alguien de pie frente a nosotros, tras la reja, pero frente a nosotros, el Claudio ya estaba platicando con el así que mis sagaces reflejos nocturnos no resultaron tan sagaces como yo imaginaba, el visitante nocturno nos preguntaba que si estábamos bien, era muy amable pero había algo extrañamente familiar en el que me generaba desconfianza.
Después de que nuestra visita supiera que empezábamos la caminata a Magdalena, llego nuestro turnos de preguntar de donde venia, en ese momento se sonrió y descompuso la vos amable con la que nos había tratado, para dejar salir una leve pero graciosa voz aguardentosa… --Del Aribabi se nos acabo la cheve voy por mas!!…---. Nos termino contando que había gente en el Aribabi ayudando a los caminantes, y que al parecer (advierto que yo no lo sabia… pero es bueno saber) la cerveza es un producto básico en esa heroica cruzada.
Termino despidiéndose y deseándonos suerte en nuestro viaje, me llamo la atención que nuestra visita al retirarse de la iglesia se subió a un carro y se fue, estaba tan dormido que ni siquiera note la llegada del carro, lo más probable es que soñara los pasos y simplemente me despertara la plática, así que menos sagaces mis reflejos nocturnos, nunca es bueno enterarse de esas cosas estando ya fuera de casa, con un poco de mala suerte, y de haber ido solo, hubiera terminado siendo la señora de el visitante nocturno.
El siguiente par de horas se fueron tranquilas despertamos antes de que saliera el sol y empezamos a empacar nuestras cosas. Cuando le pregunte a él Claudio si desayunábamos, me conto que en los ranchos se acostumbra levantarse trabajar una hora y luego ir a desayunar, “disque pa que rinda el día!!”, valía la pena probar la hipótesis así que decidimos desayunar más adelante y aprovechar el tiempo con luz pero sin sol.
Al empezar a dar los primeros pasos nos dimos cuenta que todo lo que teníamos que hacer de sol a sol era caminar, que todo lo que haríamos ese día seria ir sobre la carretera. Era hora de ponerse a prueba…

video

domingo 19 de octubre de 2008

Tras la sombra... segunda parte

Los primeros minutos de la caminada fueron en verdad agradables, todo era de bajada hacia cananea vieja, ya que saldríamos por el viejo camino de libramiento, buena plática y muchos recuerdos de la infancia en la casa de la abuela me acompañaron todo ese tramo.








Al salir al viejo camino de libramiento, nos encontramos con la primera duda en la dirección del viaje, buscábamos un camino que nos prometía, según platicas de mi padre, ahorrarnos los primeros kilómetros de subida y dejarnos como dijo mi padre : “…despuesito de el ALSKA…”, al principio que me lo dijo solo asentí con la cabeza en señal de haber entendido la dirección, pero la verdad no tenía ni idea de por donde quedaba el mentado ALASKA, y ni modo ahí voy otra vez: “oye pero que es eso del ALASKA?”, y ya después de echarme una miradita de: “a cómo eres pendejo!!” me explico que el ALASKA era un tramo recto de la carretera que por su ubicación le pegaban pocas horas de sol en invierno, lo cual lo hacia un tramo de cuidado, por estar por lo general congelado. Pero volviendo a la historia (la cual fue contada para que nadie más vuelva a recibir esa miradita); La instrucción que mi padre nos había dado literalmente era: “…en la primera torre de luz que vean le dan para la izquierda… y ahí se van!! siguiendo el camino de terracería…”.
Así que eso hicimos, en la primer torre de luz que nos encontramos el dimos para la izquierda, ninguno de los dos sabía muy bien si la decisión tomada era la correcta pero con 30 minutos de caminata, la disposición y la buena fe era algo que sobraba así que seguimos el camino, y le dimos y le dimos como por tres horas hasta que empezó a obscurecer. La sensación de saber que pronto obscurecerá y no tener certeza de donde dormir siempre libera una pequeña porción de adrenalina tan agradable que uno corre el riesgo de volverse adicto.



video




Nos obscureció llegando justo a la carretera, fue ahí cuando conocí los terrenos del famosísimo ALASKA , y así en medio de tan célebre encuentro, nuestro pies tocaron por primera vez la cinta asfáltica, sensación que después de un tiempo no se olvida fácilmente.
Las siguientes horas, fueron calmadas y rápidas mientras aprendíamos a movernos por la carretera y su constante tráfico pesado, decidimos irnos por el lado izquierdo de la carretera, veríamos los carros de frente y las luces de los mismos nos darían un aviso con mayor tiempo. Llevábamos chalecos naranjas de los usados en la construcción por los mismos trabajadores de las carreteras, el Claudio, lo llevaba puesto de la manera tradicional, yo por mi parte lo puse alrededor de mi mochila, el Claudio iría enfrente para que se viera el chaleco y yo iría atrás, de esa manera cubriríamos ambos flancos.
Después de un tiempo, los cordones de protección, la obscuridad y los barrancos del lado izquierdo nos hicieron replantear nuestra estrategia así que cambiamos de lado, caminábamos un poco más lento de ese lado ya que por las constantes curvas en ocasiones los carros no se veían venir, y uno tenía que darse un momento al menos, para ver bien donde pisar por la carretera que no cuenta con ninguna guarnición que de oportunidad para caminar.
El tiempo paso y movernos por la carretera y el trafico poco a poco se volvió automático, llegamos a la parte más alta del puerto, es una pequeña meseta que da a su ves, el principio de varios caminos de asenso, asía el observatorio Guillermo Aro y una minas de la región si no me equivoco, ahí, decidimos pasar la noche, no era demasiado el cansancio físico aun, pero el frio ya se sentía un poco mas y desde las primeras planeaciones del el viaje mi intención había sido dormir a lo menos una noche en ese lugar.


Corrimos con suerte, a unos 100 metros del carretera encontramos una capilla con las puertas abiertas y algunas veladoras prendidas, la primera imagen que evocaba, era un cliché de esas películas de terror donde unos viajeros encuentran un lugar singularmente tétrico y deciden pasar la noche ahí, para no desencajar mucho con dicho cliché, decidimos pasar la noche ahi...