lunes 27 de abril de 2009

Tras la sombra ... octava parte

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Eran las doce y media y después de una pequeña platica, Claudio decidió regresar a la carretera por el camino del rancho que llevaba al Aribabi, yo no tenía ni idea de que me esperaba de frente así que de decidí seguir adelante, al igual que el salto del rio no tenía sentido pensar mucho en lo que seguía, si se trata de confesar un poco de miedo invadió los pensamientos, pero ya saben lo que dicen del valor, que llega en diferentes presentaciones, bueno pues el mío venia como un miedo terrible.

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La primera duda en mi viaje en solitario la encontré a menos de un kilometro de la casona donde me separe de mi compañero, por un lado estaba seguir el rio que se perdía entre los paredones de un pequeño peñasco, por el otro, un camino que empezaba a separarse cada vez mas del rio que según nos prometían, nos llevaría hasta Imuris.
Hasta el momento el camino no se había separado del rio, así que pensé esa desviación era meramente por cuestiones de practicidad y que seguro al sortear las pequeñas sierras por donde el rio había encontrado camino, se encontrarían de nuevo el camino y el rio, en conclusión era mucho mas fácil caminar por la terracería, que ir flanqueando la vegetación paralela a las orillas del rio.


Pasaron dos horas caminando y el sol empezó a pesar en la mochila, pero sobre todo, la cara y los brazos empezaban sentirse ya muy quemados por el sol, baje las mangas de mi camisa y con la gorra y el pañuelo me las arregle para cubrir la cara con un look muy de oriente medio; aun así seguí caminando, ahora con la premura de encontrar alguien para preguntar direcciones que tanta fala me hacían a esas horas, de repente vi como el camino se perdía en una loma, que se elevaba por el horizonte, casi pude imaginar a Imuris detrás de esa pendiente, y esa fue la imagen que me impulso, solo para encontrar a al otro lado, una serie de sierras y lomas que se extendían al horizonte y no daban señal alguna ya no digo de Imuris, si no de cualquier rastro de civilización, ante tal suerte de no ver nada no quedo mucho que hacer más que seguir caminando y pensar que ir sobre el camino tenía que llegar a algún lugar.

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Después de la empinada pendiente la bajada fue sencilla, y al poco tiempo caminado un rancho se empezó a dibujar mientras flanqueaba una de las tantas sierras que se extendían en el horizonte, al acercarme al portón, una jauría de perros, y lo digo literalmente, se abalanzo sobre mí, solo me quedo quedarme quietecito mientas unos niños asomaban por el marco de la puerta, los perros se detuvieron cuando una voz de mujer (seguro de la señora del rancho) se escucho desde el interior de la pequeña casa de adobe que seguro no tenía más de tres cuartos. Los perros se quedaron quietos, y así nos quedamos a lo menos por un par de minutos, el lo que el encargado del rancho salió a saludar, su cara dibujaba cierta extrañeza ante lo que estaba viendo, nos presentamos y rápidamente le pregunte sobre el camino que me llevaría a Imuris, se quedo mirando extrañado, y con un tono casi de lastima me dijo que venía mal, que tendría que devolverme hasta el rio, que de ahí lo siguiera hasta llegar a Imuris. Lo demás de su plática no lo recuerdo bien, una sensación de rabia, impotencia y miedo se me revolvía dentro, y toda mi atención estaba en no gritar alguna palabrota al aire.
Al pasar en sentido contrario por la puerta principal del rancho mi ánimo se arrastraba abajito de mi sombra, pero no podía detenerme, el ranchero me dijo que tenía que devolverme a donde el rio y el camino se separan, y eso era más del 80% de lo que había caminado solo y bajo el sol.
Las siguientes dos horas de caminata fueron silenciosas, incluso en el pensamiento, pero procure apresurar el paso lo más posible, a pesar del pesimismo que traía de polisón en la mochila, el camino no fue tan largo como lo imaginaba, esto no lo hiso más placentero pero tampoco molesto en lo mas mínimo.


Llegue de nuevo al rio, y camine unos minutos sigueindolo mientras el camino se volvía verde y lleno de vida, la temperatura descendía ayudada por la brisa del rio que no paraba de correr, decidí quitarme los zapatos que parecían un par de temascales y refrescar los pies un momento, el agua fue la más fresca que hasta la fecha recuerdo, y dispuse a mis pies a un masaje de dioses, para ese momento la decisión de fumar el ultimo cigarro que quedaba no fue tan difícil, lo encendí y pase lo siguientes diez minutos en el cielo.

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5 comentarios:

  1. perdon por la tardansa, pero ahi esta corto y con muchos videos jejjee saludos banda

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  2. ya era hora!! y luego que paso?

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  3. HAY QUE SUAVE!!
    ahora si tendré algo interesante que leer en los blogs...
    la historia me ha gustado mucho...

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  4. mejor cuenta aquella historia en donde todos eramos super heroes jajaja esa me gustaba mucho...

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  5. Esta vez el camino mas agradable si te conducia al lugar correcto. Me antojaste un cigarro, vengo....

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