Después de del baño y que el Claudio despertase empezamos a levantar campamento, cuando el Claudio se incorporo, se repitió la escena del venadito, mi esperanza y creo que la de él, era que la noche de reposo ayudara a la su tobillo, que un día antes había dado todo de sí, el Claudio se mostro optimista ante su tobillo aun a pesar del desgaste que ya teníamos.
Después de levantar “campamento” seguimos, al cabo de 10 minutos caminando el Claudio, a pesar de intentarlo, no podía disimular el dolor del tobillo que había vuelto, le propuse buscar un baston para que se ayudara, pero parecía un buena broma que en mas de un kilometro de carretera no pudiéramos encontrar algún baston decente que le ayudara en su andar, al fin encontramos uno, que si bien no era la mejor opción, era la única, aun a pesar de eso tuvimos que hacer nuestra primer parada a menos de 40 minutos de empezar, aplicar lonol, y apretar los vendajes alrededor del tobillo fueron la premisa en esa ocasión, asiq ue lentos pero con buena platica mañanera seguimos. Cual fue nuestra sorpresa cuando en memos de una hora de caminata llegamos a el anelado Aribabi, eso nos confirmo que nunca nos llegamos a entender bien con nuestro amigo el Cuhitaca, ya que una noche anterior nos dijo que faltaban como 3 horas para llegar, bueno a lo menos eso fue lo que le entendimos nosotros.
La casa del rancho esta como a medio kilometro de la entrada en la carretera, antes de llegar a ella nos encontramos con el que supongo yo era el vaquero del rancho, no se veía tan amable más bien tenía ese aire que da la soledad, no un aire triste ni melancólico, sino de seriedad, la que se adquiere cuando solo se aprende a decir lo necesario. Nos explico que siguiendo el vado del rio llegaríamos derecho a Imuris, le preguntamos que si llevaba agua y nos dijo que si que mucha, que siguiéramos el rio seco y mas enfrente ya llevaba agua, nos devolvimos hasta el lecho del rio y seguimos un pequeño camino de terrace
Caminamos por buen tiempo y el agua que se había agotado desde una noche anterior, empezaba a extrañarse, aun así seguimos confiados, seguro es, que no encontraríamos alguna tienda mas adelante, pero si el rio llevaba agua eso sería suficiente para calmar la sed.
Después de resolvernos el problema de la sed, recordamos el del cansancio, el precio de tener tanta agua es tener que cargarla, pero la caminata tenia que seguir, y así fue por un rato cuando de repente el Claudio señalo una casa en parte alta de una loma que empezaba a crecer justo a la orilla del rio. Solo teníamos que cruzar el rio y tal ves conseguiríamos un lugar donde llenar las cantimploras, con agua a lo menos de la llave (la diarrea era un lujo poco costeable en este viaje).
Al fin pudo salir y mientras él dijo que se adelantaba para buscar donde lavar sus zapatos yo busque un sitio donde saltar y no tener las ventajas de tan suave aterrizaje, fue mucho más difícil de lo que pensé, en toda orilla, el suelo tenía esa apariencia de firmeza que luego era desmentida por pequeñas rocas que fui tirando por un rato, al fin encontré una saliente en la otra orilla en la que un árbol de mediana estatura prometía mas que un firme aterrizaje, el único problema era la distancia, desde las seis de la mañana salvo 4 o 5 descansos de 15 minutos, un paso lento pero constante había sido el día, y no me sentía del todo confiado saltando con mochila al hombro, aun así, me anime a hacerlo, a fin de cuentas en el peor de los casos llegaría con un look muy solidario con el Claudio que ya tenía rato sin dar señales de vida en lo alto de la colina, el salto fue un éxito, nadie me vio y estoy seguro que no fueron más de un par de metros pero aun así, cuando me sentí seguro agarrado del pequeño árbol, la sensación de que a mis espaldas un gran acantilado que culminaba en un vasto río se extendia, fue muy placentera y reconfortante.
Por fin llegue a las largas escaleras que terminaban en lo que al pasar unos árboles que cubrían la vista, se transformo en un verdadero caserón, que delimitaba la parte superior de la pequeña colina, el rastro del Claudio no se podía ignorar, era como si un hombre de fango se fuera desmoronando mientras se alejaba del rio, en los primeros escalones los bastones, para el quito escalón ya encontré un de sus tenis, o lo que se alcanzaba a ver de él entre una masa de lodo, dos escalones después, el lado izquierdo, que hacia aparenta que el lodo del rio, era cemento de secado instantáneo, obligando a él Claudio a desprenderse de este, unos escalones más tarde se repitió la escena con los calcetines, que estaban igual de lodosos que sus zapatos ( el lodo resulto ser mucho menos espeso de lo que imagine), al final de las escaleras el Claudio ya asía tendido bocarriba como un tipo muy bizarro de El Hombre de Vitruvio, con un tono que sonó muy diferente a de las más de 20 o 30 ocanciones que antes lo había mencionado dijo: “Ahora sí creo que ya no llegue…”




Gracias por el comentario, soy una mujer con desición pues! jajajaja
ResponderSuprimirSolo leí la 7ma parte, pero todo es verídico??
luego me leo las 6 restantes!
Ya te habías tardado en seguirle a la historia!!! no me dejes tan picada!!
ResponderSuprimirSaluditos poblanitos
María