lunes 5 de enero de 2009

Tras la sombra ... septima parte

7


video

Lo hermoso del cansancio, es las noches en estado de coma que te regala, a pesar de estar a unos metros de la carretera, el frio y el duro suelo, la noche paso sin mayor percance, al despertar, y esto aun lo tengo como un recuerdo borroso, a nuestros pies estaba un enorme tráiler, con el ojo que no tenia pegado pude ver al trailero que devolvía la mirada y saludo deseando buenos días, no entendía muy bien que pasaba, necesite unos segundos para entender bien en donde estaba, después de eso el trailero hizo un ademan en forma de saludo con su mano y volvió a tomar la carretera, ya estaba claro, el sol seguía por debajo del horizonte, pero ya estaba claro, las ganas de orinar invadieron los pensamientos confundidos que el trailero dejo, pero decidí ignorarlas, levantarse al baño significaba salir de lo calientito de la bolsa de dormir, y 20 minutos más dentro de ella no se perfilaban para nada como una mala idea, pero el cuerpo manda y después de 5 minutos intentando controlar las ganas, el frio termino por darme el ultimo empujón fuera de la bolsa de dormir, la sorpresa para mí fue cuando quise incorporarme para buscar un “baño” las rodillas se sentía como si tuvieran años sin moverse de una sola posición, seguro el espectáculo asemejo al de un venado recién nacido que se incorpora por primera vez al mundo, claro que sin toda la parte tierna.




Después de del baño y que el Claudio despertase empezamos a levantar campamento, cuando el Claudio se incorporo, se repitió la escena del venadito, mi esperanza y creo que la de él, era que la noche de reposo ayudara a la su tobillo, que un día antes había dado todo de sí, el Claudio se mostro optimista ante su tobillo aun a pesar del desgaste que ya teníamos.


Después de levantar “campamento” seguimos, al cabo de 10 minutos caminando el Claudio, a pesar de intentarlo, no podía disimular el dolor del tobillo que había vuelto, le propuse buscar un baston para que se ayudara, pero parecía un buena broma que en mas de un kilometro de carretera no pudiéramos encontrar algún baston decente que le ayudara en su andar, al fin encontramos uno, que si bien no era la mejor opción, era la única, aun a pesar de eso tuvimos que hacer nuestra primer parada a menos de 40 minutos de empezar, aplicar lonol, y apretar los vendajes alrededor del tobillo fueron la premisa en esa ocasión, asiq ue lentos pero con buena platica mañanera seguimos. Cual fue nuestra sorpresa cuando en memos de una hora de caminata llegamos a el anelado Aribabi, eso nos confirmo que nunca nos llegamos a entender bien con nuestro amigo el Cuhitaca, ya que una noche anterior nos dijo que faltaban como 3 horas para llegar, bueno a lo menos eso fue lo que le entendimos nosotros.





video



En el lugar rastros de fogatas, bolsa con basura y uno que otro plato desechable que se escapo de ser puesto con los demás en las bolsas, daban indicios que efectivamente el lugar era un punto de descanso de todos los caminantes, para nuestra mala suerte era muy temprano y a excepción de un viejo poso abandonado no encontramos a nadie, esto creo yo decepciono mas al buen Claudio que ya ponía mucho mas seriedad en sus comentarios de dejar el viaje, su tobillo no daba mas de si.


video

Aun así, no desistió y decidió dar unos minutos más a este viaje. Nos metimos asía el rancho de el Aribabi, seguro ahí nos darían instrucciones de por donde era este mentado paso que nos ahorraría un buen tramo de la subida, que se prolongaba a lo largo de la ultima de sierra antes de Imuris.


video


La casa del rancho esta como a medio kilometro de la entrada en la carretera, antes de llegar a ella nos encontramos con el que supongo yo era el vaquero del rancho, no se veía tan amable más bien tenía ese aire que da la soledad, no un aire triste ni melancólico, sino de seriedad, la que se adquiere cuando solo se aprende a decir lo necesario. Nos explico que siguiendo el vado del rio llegaríamos derecho a Imuris, le preguntamos que si llevaba agua y nos dijo que si que mucha, que siguiéramos el rio seco y mas enfrente ya llevaba agua, nos devolvimos hasta el lecho del rio y seguimos un pequeño camino de terracería que lo seguía en paralelo.
Caminamos por buen tiempo y el agua que se había agotado desde una noche anterior, empezaba a extrañarse, aun así seguimos confiados, seguro es, que no encontraríamos alguna tienda mas adelante, pero si el rio llevaba agua eso sería suficiente para calmar la sed.
video
Con más de 40 minutos caminados, el Claudio caminando ya con un bastón en cada mano, y una casi nula platica, derepnete encontramos el nacimiento del rio, que nos dio un segundo aire y apresuramos el paso para encontrar algún buen lugar de agua limpia donde llenar las cantimploras y los embases de agua embotellada que parecían más flotadores que otra cosa colgando a los lados de las mochilas.
Después de resolvernos el problema de la sed, recordamos el del cansancio, el precio de tener tanta agua es tener que cargarla, pero la caminata tenia que seguir, y así fue por un rato cuando de repente el Claudio señalo una casa en parte alta de una loma que empezaba a crecer justo a la orilla del rio. Solo teníamos que cruzar el rio y tal ves conseguiríamos un lugar donde llenar las cantimploras, con agua a lo menos de la llave (la diarrea era un lujo poco costeable en este viaje).

video

El Claudio insistió en pasar el rio, que no era de mucho caudal, justo frente la casa, yo propuse busca algún lado mas fácil, pero el insistió, no lo debati mucho pues sabia que un lugar donde sentarse y descansar era la premisa del Claudio en esos momentos, lo cual comprendi , el propuso pasar primero, en un pequeño pedaso el rio se seccionaba en dos por un pequeño bulto de tierra, el Claudio salto para utilizarlo como una piedra en el rio y al caer, sus pies se undieron como cuchillos calientes en mantequilla, intento sacar los pies un par de veces pero el lodo subia a la mitad de su espinilla y el lodo era espeso y pesado, debo de admitir que empecé a reí la imagen era muy cómica y el Claudio no parresia sufrir de no más que una buena vergüenza.





Al fin pudo salir y mientras él dijo que se adelantaba para buscar donde lavar sus zapatos yo busque un sitio donde saltar y no tener las ventajas de tan suave aterrizaje, fue mucho más difícil de lo que pensé, en toda orilla, el suelo tenía esa apariencia de firmeza que luego era desmentida por pequeñas rocas que fui tirando por un rato, al fin encontré una saliente en la otra orilla en la que un árbol de mediana estatura prometía mas que un firme aterrizaje, el único problema era la distancia, desde las seis de la mañana salvo 4 o 5 descansos de 15 minutos, un paso lento pero constante había sido el día, y no me sentía del todo confiado saltando con mochila al hombro, aun así, me anime a hacerlo, a fin de cuentas en el peor de los casos llegaría con un look muy solidario con el Claudio que ya tenía rato sin dar señales de vida en lo alto de la colina, el salto fue un éxito, nadie me vio y estoy seguro que no fueron más de un par de metros pero aun así, cuando me sentí seguro agarrado del pequeño árbol, la sensación de que a mis espaldas un gran acantilado que culminaba en un vasto río se extendia, fue muy placentera y reconfortante.



video

Por fin llegue a las largas escaleras que terminaban en lo que al pasar unos árboles que cubrían la vista, se transformo en un verdadero caserón, que delimitaba la parte superior de la pequeña colina, el rastro del Claudio no se podía ignorar, era como si un hombre de fango se fuera desmoronando mientras se alejaba del rio, en los primeros escalones los bastones, para el quito escalón ya encontré un de sus tenis, o lo que se alcanzaba a ver de él entre una masa de lodo, dos escalones después, el lado izquierdo, que hacia aparenta que el lodo del rio, era cemento de secado instantáneo, obligando a él Claudio a desprenderse de este, unos escalones más tarde se repitió la escena con los calcetines, que estaban igual de lodosos que sus zapatos ( el lodo resulto ser mucho menos espeso de lo que imagine), al final de las escaleras el Claudio ya asía tendido bocarriba como un tipo muy bizarro de El Hombre de Vitruvio, con un tono que sonó muy diferente a de las más de 20 o 30 ocanciones que antes lo había mencionado dijo: “Ahora sí creo que ya no llegue…”

2 comentarios:

  1. Gracias por el comentario, soy una mujer con desición pues! jajajaja
    Solo leí la 7ma parte, pero todo es verídico??
    luego me leo las 6 restantes!

    ResponderSuprimir
  2. Ya te habías tardado en seguirle a la historia!!! no me dejes tan picada!!
    Saluditos poblanitos
    María

    ResponderSuprimir