sábado 8 de noviembre de 2008

Tras las sombra... quinta parte

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Lo primero que te encuentras a la salida sur de Cuitaca es el principio de una pendiente, que se va alargando y no pierde su cualidad de subir y subir por varias horas, en si no íbamos muy cansados, pero la plática había disminuido sustancialmente, las mochilas se sentían más pesadas que al principio, con el agua que acabábamos de comprar, y el sol apuntando a medio día no dejaba de poner todo un poco más cansado.

Al cabo de un tiempo de caminar y caminar, llego el momento de un descanso, nos tiramos a la orilla de una curva, el espacio que librábamos de la carretera, era poco pero un inmenso paredón nos sirvió para recargar las espaldas. La siguiente media hora fue de ver los heroicos intentos de varios bichos de cruzar la carretera, que ya vista de cerca es un verdadero cementerio.
Reanudamos el camino y notamos que cada vez se volvía más difícil empezar, era como si las articulaciones de las rodillas se oxidaran y uno se viera en la necesidad de despegarlas paso a paso. Nuestro caminar se volvió más lento y el Claudio ya tambaleaba un poco más al caminar, empezaba a resentirse ya de las primeras ampollas en su pie izquierdo, esto a su vez hacia que apoyara más peso en su pierna derecha, que no tardaría en pasarle factura por eso también. Le dije que me pasara de nuevo mi mochila y seguimos caminando.
A unos cuantos kilómetros de llegar a él reten de San Antonio, nos decidimos a descansar otro poco, era una pequeña salida de la carretera bajo un árbol, nos llamo mucho la atención un par de botas que colgaban de las ramas de un arbol, a dos colores, rojas la parte inferior y grises la superior, nos pareció algo así como un letrero de “área de descanso”, y justo eso hicimos.
Al llegar el Claudio se quito el zapato, las ampollas ya eran considerablemente visibles y el semblante de su cara, el cual se había venido a menos en los últimos kilómetros, daba fe de que el pie izquierdo no la estaba pasando nada bien por esos momentos. Fue ahí donde las ideas de no llegar a Magdalena se empezaron a escuchar por parte de mi compañero de viaje.

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A la salida del viaje cuando platicaba con mi abuelo me contaba que cuando el caminaba, siempre aprovechaba los descansos para dormir a lo que fuera. Al principio no lo tome como buena idea eso de dormir 15 minutos y luego levantarse a caminar no me parecía muy práctico, la pereza de caminar dormido y desentumirse a la vez no me gustaba como combinación. Pero ya eran la una y media de el día y los dos sin siquiera decir palabra nos quedamos dormidos por más de media hora.



Teníamos que seguir, nuestra velocidad había disminuido considerablemente y a los tiempos que llevábamos pensados, teníamos un poco de retraso. Las hormigas se encargaron de darnos el ánimo faltante para levantarnos y seguir. El caminar se estaba volviendo cuestión de atención, el Claudio seguía tambaleándose por la carretera, y yo irónicamente empezaba a resentir mis rodillas, caminar a paso con el Claudio me casaba más que ir a mi propio paso que en ese momento era un poco más veloz, recordando claro que yo estuve caminando con un mes de anticipación en las tardes, esa era una variable que no habíamos considerado en el viaje.


No podía evitar de vez en ves adelantarme un poco en nuestra caravana, ya eran las tres de la tarde y teníamos todo el día caminando, quedar sumergido en tus pensamientos era algo inevitable, y cuando volvía, siempre me encontraba a unos metros por delante del mi compañero de viaje. Ese tramo del camino aun a pesar de todo tuvo su belleza, en el horizonte las nubes y el sol luchaban por su espacio en el paisaje y nos encontramos a nuestros primeros benefactores en el camino, que se orillaron a ofrecernos algo de beber o de comer, aceptamos el agua, ya que seguíamos consumiendo mucha más de lo acostumbrado.


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La carretera siguió con su ir i venir de tráfico pesado y nosotros seguimos un pie detrás de otro hasta llegar a San Antonio, una pequeña caseta aduanal situada en la mitad del camino entre Cananea e Imuris, al llegar lo primero que vimos fue una pequeña capilla básicamente igual a la que una noche antes aviamos aprovechado para dormir. Empezábamos a sentir de que se trataba esto de la manda, y siendo sincero más de una vez no sonó tan descabellada la idea de quedarnos a dormir ahí.



Llegamos a la aduana y nos tiramos a un lado de los baños, la verdad no lo había pensado hasta hoy que trato de recordarlo con detalle, pero si, nos sentamos tan cómodamente a las afueras de los baños, que decidimos tomar nuestros sagrados alimentos ahí, ¡4 tacos dos de chorizo y dos de frijol!, sería el menú del día, pero justo en eso estábamos cuando un señora se orilla en su carro, nos habla, y abre el porta equipaje de su chevy morado, en el todo un tesoro de aguas, refrescos y comida nos esperaban. “agarren lo que quieran”, nos dijo, un sándwich y un jugo fueron el menú entonces y tras agradecerle, nos retiramos a nuestros cómodos aposentos aun lado de los baños, comimos, y cabe decir que todo estaba delicioso, pero por desgracia nuestros cuerpos estaba un poco más necesitados de energía de lo normal así que decidimos tomar el postre, un taco de chorizo y un de frijoles cerrarían con broche de oro la comida de ese día, o a lo menos eso pensamos.
Al terminar de comer, aproveche la cercanía con las instalaciones sanitarias y decidí entrar a lavarme la cara y las manos ( y sé lo que piensan, pero no, extrañamente no tenía ganas de utilizar los sanitarios), en eso estaba cuando escucho un grito de Claudio, preguntándome que si quería comer, al salir lo encontré con dos platos de comida llenos de carne asada y otro con pollo asado, y a su lado un par de refrescos.
Una familia mexicana, que por lo que pudimos observar radicaba en los estados unidos nos había ofrecido la comida, ellos también estaban en la caminata pero venían en familia y se lo estaban tomando mucho más ligero y con tiempo que nosotros, al parecer caminaba un tramo, marcaban adonde llegaban, iban por ellos y luego continuaban del mismo lugar ya mas descansados.
No pudimos decir que no a el detallaso de estas personas y sin mucha queja nos pusimos a comer, estaba sabrosísimo y el cuerpo anticipando lo que se aproximaba no se molestaba en darnos señal alguna de que ya estábamos llenos de comida.
Terminamos de comer, por segunda vez, y descansamos otro poco. Ya eran pasadas de las 5 cuando decidimos continuar, en nuestro descanso el Claudio volvió a mencionar, el no llegar Magdalena, ya no eran simples comentarios aislados, ya tenía varios kilómetros soportando las molestias en sus pies, el esfuerzo que el Claudio estaba asiendo empezaba resultar heroico, se me ocurrió la idea de cargar su maleta, la comida me había caído de maravilla, solo las rodillas molestaban pero pensé que si yo llevaba el peso el Claudio descansaría y podríamos llevar un paso más veloz lo que seguro ayudaría a mis rodillas que a ese punto preferían un poco mas de peso que ir siguiendo el paso, batalle en convencerlo, pero al final accedió, puse su mochila por enfrente de mí para tratar de equilibrar el peso de adelante y atrás y seguimos caminando, eran las 5 :30 de la tarde y estábamos a la mitad del camino…

5 comentarios:

  1. pues bueno.... pues nada... seguimos la historia paso a paso... je je

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  2. pobre claudio ya ni podia hablar...Lo van a repetir el proximo año? si el trabajo lo permite yo me apunto

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  3. hola hombre!... espero ke andes de lo mejor!!
    ya no os vi... pero si me acorde de tu cumple!!!!
    ^^
    aunque no me dijeron nada... =)
    cuidate y a ver si luego coincidimos!

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  4. ummm soy una chika ke konociste un dia...
    entre bebida y platica...
    en el cumpleaños del tanori...
    hahahaha

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  5. asi sera
    saludos!
    -difusecolor-

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