jueves 27 de noviembre de 2008

Tras la sombra... sexta parte

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Caminamos por una hora, nuestra velocidad no había mejorado mucho, pero de alguna forma tome un paso tambaleante con el peso de las dos mochilas bastante cómodo, el Claudio por su parte seguía cojeando de el pie izquierdo pero ya se le veía un poco mas tranquilo, tenia recuerdos de ese pedazo de tantas veces que lo e recorrido en carro, ninguno de mis recuerdos pasaban de más de 20 minutos entre la aduana de san Antonio y las ruinas de la misión de Cocospera, una así teníamos como tres horas caminando desde la aduana y no se veían rastros de la misión. Después de dos descansos el Claudio pidió su mochila, yo ya estaba un poco cansado así que se la devolví, pensé que ya lo peor de su pie había pasado.
Seguimos caminando y el ánimo caía junto con lo que quedaba del día, ni siquiera los descansaos eran ya agradables, nos quedaban pocos cigarros y nos veíamos forzados a tomar poca agua pues no sabríamos hasta cuando tendríamos oportunidad de tener de nuevo, a eso se empezaba a aunar la idea de donde pasaríamos la noche, nuestro objetivo era llegar a el tramo conocido como el Aribabi, al parecer es uno de los puntos muy conocidos en este viaje por los caminantes, ya que ahí se concentran algunas personas, que cumplen su manda ayudando a los viajeros, el plan entonces era sencillo caminar hasta el Aribabi, ayudar a estas personas a cumplir su manda y comer y descansar en el lugar, así despertaríamos frescos para el último tramo de la sierra y con suerte llegaríamos a Imuris ese mimo día.

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Pero primero había que llegar y el sol ya tenia tiempo sin brillar por las nubes que parecían cortinas en el horizonte, vimos a unos kilómetros una antena que nacía de una pequeña sección bardeada con bloques de concreto, seguro tendrían agua ahí, y podríamos descansar un poco, no encontramos agua, solo bebimos mas, en un descanso que se extendió por varios minutos, no es que no pudiéramos seguir, lo de menos era caminar, lo difícil era como ya había dicho antes empezar a caminar, esa se estaba convirtiendo en la mayor carga del viaje.

Por fin reunimos valor y decidimos continuar, la carretera era muy obscura, en parte por las nubes que aun quedavan en el cielo y solo dejaban asomar unas cuantas estrellas, pero la carretera perdía toda esa calma de ves en ves, cada que algún tráiler pasaba, toda la obscuridad y silencio parecían dar un giro de 360 grados y todo se volvía ruido y luces mientras una ola de viento impulsada por la velocidad, te golpeaba la espalda o la cara según fuera el caso, después, y mientras el tráiler se alejaba, la obscuridad y el silencio volvían a ocupar su lugar.


De repente el Claudio propuso descansar de nuevo. Este descanso tardo en llegar menos tiempo de lo acostumbrado, pero no dije nada, el Claudio ya tenia mucho en silencio desde el ultimo descanso y necesitábamos pensar que hacer, ya que el Aribabi no daba ninguna señal de estar cerca. Nos tiramos aun lado de la carretera, bocarriba, acostados de tal manera que la sinta asfáltica parecía nuestra cabecera, tal vez un movimiento no muy inteligente, pero sin duda ofrecía una vista y sensación excelente, apenas y nos quedaban 5 cigarros pero aun así decidimos fumar ante el curioso espectáculo que nos daba el paisaje de estrellas que perdían la calma con los inmensos letreros de las cajas de los tráiler, que pasaban frente a uno como rápidos comerciales ruidosos.
En eso estábamos cuando por la carretera vimos una luz tambaleante acercarse, saludamos y nos presentamos. Así fue como conocimos a el “Cuitaca” un simpático personaje de no más de 1.65, con el bigote rasurado tipo los panchos, delgado y con una lámpara en la mano que casi podía asegurar era del mismo tamaño de su cabeza (con todo y su gorra).
Rápidamente descubrimos que el Cuitaca era platicador, y bastante persuasivo, aun hoy tratando de recordar, no podría decir como exactamente entre platica y platica ya estábamos caminando de nuevo tras de el que encabezaba la caravana con su gran lámpara de mano, en eso nos conto que él era de Cuitaca, que ya tenía 7 años cumpliendo la manda desde su pueblo natal a Magdalena, y que su hermano le estaba ayudando, que al rato se encontrarían para checar como iba.
El Cuitaca sin duda llevaba buen paso, y su lámpara ayudaba mucho anunciando el camino, avanzamos mas en 40 minutos que en la ultima hora y media, el Claudio resistía sin quejarse siquiera, pero mientras caminábamos puso su mano en mi hombro y lo uso como apoyo mientras caminaba, no dije nada nada, solo disminuí un poco el paso para que pudiera recuperar el paso.
Era lógico que no podríamos seguirle el paso a nuestro nuevo amigo así que le dijimos tomaríamos un descanso, se sentó con nosotros en una saliente de la carretera, donde repartimos los últimos tres cigarros que teníamos entre nosotros, ahí platicamos de cómo pasar por el Aribabi, la verdad yo no entendí muy bien lo que nos dijo, hablo de una desviación antes del represo, pero decidí quedarme con las instrucciones del abuelo para no revolver pensamientos.
De repente se paro y nos invito a seguir el viaje nosotros le preguntamos que si cuanto faltaba para el Aribabi y el nos dijo que como dos horas, era demasiado ya estábamos cansados y sin muchas ganas de seguir, así que nos despedimos y deseamos buena suerte.
Decidimos pasar la noche ahí a un lado de la carretera, por mucho no era la mejor idea pero a excepción de ese tramo no había muchos pedazos claros donde acampar y lo que menos ganas teníamos era de ponernos a limpiar algún lugar, pusimos nuestros chalecos naranjas a los lados de las bolsas y unas señales de la carretera que encontramos tiradas, esto con el fin de que pudiera vernos algún chofer que decidiera salir de la carretera en el mismos claro en que nosotros dormíamos, además seme ocurrió prender la lata de alcohol en gel que traía esto sin duda tendrían que verlo los carros, nos acostamos y la noche se empezó a poner fría, al igual que el cuerpo que empezaba a cobrar las facturas de todo un día caminado, las dos piernas dolían completas pero las rodillas eran especialmente molestas, yo tarde una hora en poder conciliar el sueño, mientras que el trafico de la carretera volvía a ser una canción de cuna.

3 comentarios:

  1. Lo caminado nadie se los quita... eso que ni qué.

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  2. oye neta necesito que me mandes varias fotos te hare el chingado portafolios, fui al museo de arte moderno antier y habia una exposicion de fotos no chingues las tuyas estan mucho mejores!!! asi que mandamelas por una chingada hahahah tqm

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  3. quiero la siguiente parte!!! oye yo nomas paso a demandar aqui hahahaha

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