sábado 25 de octubre de 2008

TRAS LA SOMBRA … tercera parte

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La capilla era a lo menos cómoda dentro de lo que se puede decir, había velas encendidas por todas parte y un sinfín de “posters” religiosos pegados en las paredes, la virgen maría, Jesucristo, san judas, todos estaban ahí, en una de las esquinas varia javas estaban cubiertas por una sabana de dudosa procedencia, y algunos trapos cumpliendo la función de almohada, esa fue la señal que tomamos como luz verde para pasar la noche ahí, seguro estaba todo eso para los viajeros.
La capilla estaba dividida por una reja con puerta, así que solo teníamos que cerrar la reja y dormir dentro de la pequeña jaula, eso nos garantizaría una noche fuera del aire helado de las montañas, y cualquier otra posibilidad de peligro que pudiéramos imaginar, y que podíamos imaginar gracias a la maravilla de la televisión. Es fascinante como la imaginación sale de uno en el instante en que la televisión deja de estar frente a nosotros, pareciera que el carcelero se va y la imaginación queda libre para salir a lo menos a tomar el aire, alguna ves leí una frase de Colette donde decía que los viajes son necesarios para las imaginaciones menguadas.

Revisamos rápidamente el lugar en busca de insectos o cualquier cosa que nos pudiera dificultar la noche, pero a excepción de dos o tres bichos pequeños el lugar estaba limpio.





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Lo primero en hacer, fue echar mano a los 36 tacos de chorizo y frijol que llevábamos, y no es por presumir pero venían cargados con los mejores frijoles de la región, a lo menos para un servidor, repartimos dos tacos para cada quien, uno de frijoles y una de chorizo, no mitigo ni poco el hambre que las pocas horas de caminata nos cobraba, así que decidimos comer otros dos, después de todo la promesa de mucho comida gratis a lo largo del viaje, nos permitía tales acciones.
Después de un buen taco, la regla dicta un buen tabaco, no salimos de la capilla y nos tiramos boca arriba a mirar las estrellas, es extraño como uno puede llegar a olvidar que están ahí, escondidas bajo la luz de las calles. La plática acompaño al humo, y las viejas anécdotas de la infancia y una que otra legendaria borrachera no se hicieron esperar.
Decidimos levantarnos antes de el sol, y nos fuimos a preparar las bolsas de dormir; la noche era callada y a lo lejos en la carretera el constante pasar de los carros y camiones de carga nos dejaba con una melodía constante y sin ritmo como canción de las buenas noches. El viento empezó a sentirse y la sinfonía de ruidos por lo agujeros del techo (que figuraban ventanas de estrellas) inmediato se dejo escuchar, esto aderezado con toda una orquesta de pequeños pero constantes ruidos alrededor de toda la capilla que de nuevo alimentaban el fuego de la imaginación, mas de dos veces pude haber jurado escuchar pasos fuera de la capilla pero me sentía más valiente asiéndole al detective dentro de la capilla y no fuera.
Al paso de unos 20 minutos y ya con más confianza de lugar nos venció el sueño, el cual mantuve a eso de las cuatro de la madrugada, cuando escuche unos pasos que se aproximaban a la capilla, sonaban muy diferente a todos los ruidos que habíamos estado escuchando toda la noche.
En mi percepción del tiempo, me tomo como tres segundos abrir los ojos y girarme dentro de la bolsa de dormir para ver quien se aproximaba, lo extraño fue, que al por fin tener en vista la entrada a la capilla, ya estaba alguien de pie frente a nosotros, tras la reja, pero frente a nosotros, el Claudio ya estaba platicando con el así que mis sagaces reflejos nocturnos no resultaron tan sagaces como yo imaginaba, el visitante nocturno nos preguntaba que si estábamos bien, era muy amable pero había algo extrañamente familiar en el que me generaba desconfianza.
Después de que nuestra visita supiera que empezábamos la caminata a Magdalena, llego nuestro turnos de preguntar de donde venia, en ese momento se sonrió y descompuso la vos amable con la que nos había tratado, para dejar salir una leve pero graciosa voz aguardentosa… --Del Aribabi se nos acabo la cheve voy por mas!!…---. Nos termino contando que había gente en el Aribabi ayudando a los caminantes, y que al parecer (advierto que yo no lo sabia… pero es bueno saber) la cerveza es un producto básico en esa heroica cruzada.
Termino despidiéndose y deseándonos suerte en nuestro viaje, me llamo la atención que nuestra visita al retirarse de la iglesia se subió a un carro y se fue, estaba tan dormido que ni siquiera note la llegada del carro, lo más probable es que soñara los pasos y simplemente me despertara la plática, así que menos sagaces mis reflejos nocturnos, nunca es bueno enterarse de esas cosas estando ya fuera de casa, con un poco de mala suerte, y de haber ido solo, hubiera terminado siendo la señora de el visitante nocturno.
El siguiente par de horas se fueron tranquilas despertamos antes de que saliera el sol y empezamos a empacar nuestras cosas. Cuando le pregunte a él Claudio si desayunábamos, me conto que en los ranchos se acostumbra levantarse trabajar una hora y luego ir a desayunar, “disque pa que rinda el día!!”, valía la pena probar la hipótesis así que decidimos desayunar más adelante y aprovechar el tiempo con luz pero sin sol.
Al empezar a dar los primeros pasos nos dimos cuenta que todo lo que teníamos que hacer de sol a sol era caminar, que todo lo que haríamos ese día seria ir sobre la carretera. Era hora de ponerse a prueba…

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1 comentarios:

  1. jajaja "amaneciendo" no seas flojo gordo ya eran como las 10:00 am y te ibas despertando... ya ni la friegas... ajajajaj ntc ta chida la historia. Andrea

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